No Me Miren.

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-Esta mañana mi falda de la escuela se ensució mientras desayunaba, ojalá hubiese sido algo pequeño pero me temo que después de que se me cayera el café no sería buena idea quedarme con la misma faldita. Es por eso que tuve que cambiarla. ¿Puedes creer que haya crecido tanto en un año? mira como se me ajusta el trasero, esta falda solo es del año pasado, no sé que hacer… se me vé todo-.

Lucía miró a su amiga y con una mirada algo despectiva le respondió, 

-definitivamente se te vé todo, ¿Es que no te da vergüenza?-.

-Ay que pesada- dijo su amiga mientras acomodaba su camisa para que sus pechos se vieran más escotados -Los hombres siempre te están mirando- sentenció.

Lucía solo ignoró el comentario y se retiró algo indignada. Ya más tarde, en clases miraba su falda ancha y larga que la hacía lucir como una niñata. Pegó una mirada a su alrededor y se dió cuenta de que la mayoría de sus compañeras usaban reveladores uniformes que estimulaban la mente de aquellos pervertidos que las miraban con ojos de malicia.

La chica al verse a si misma se recogió y se cubrió la cara con su largo cabello. Y así, lentamente y sin que nadie se diese cuenta, ella se camuflaba entre el resto de los demás estudiantes y se escondía del discurso del profesor, retirándose hacia su lugar seguro. Su cabeza.

Ya estaba a unas semanas de cumplir 18 y aún tenía la fama de ser la única en el grupo que seguía manteniendo su virginidad. Claro, no es la gran cosa, pero para Lucía que vivía rodeada de chicas que parecían bolsas de feromonas con piernas, la presión de ser la única inexperta se multiplicaba por 10.

Su mejor forma de defenderse ante tal presión era justificarla y luchar por mantener en pie su virginidad. No se vestía atractiva y evitaba premeditadamente a los chicos. Era muy tímida y lo último que quería era un novio que la presionase a tener relaciones.

-No me miren- Decía siempre en voz baja cuando se topaba frente a un grupo de chicos. Cubría sus pechos y apretaba su falda. Caminaba siempre con recelo en los pasillos de la preparatoria, sin embargo un día pasó algo excepcional.

-Disculpa- Dijo un muchacho que chocó con ella al salir del aula. -No te vi-.

Lucía no pudo escuchar bien lo que le dijo pues estaba más concentrada en que sin darse cuenta el chico pasó a llevar discretamente un pecho de lucía. Por supuesto que no fue intencional, pero para ella, aquel pequeño roce, como si del aleteo de una mariposa se tratase provocó un huracán del otro lado del mundo.

Estaba en clase al cabo de una hora y seguía pensando en aquel instante en que tocaron sus senos. Ya había olvidado la sensación pero en ella permanecía la curiosidad. Miró a su alrededor y todos estaban atentos en clase. -No me miren…- susurró mientras se tocaba escondida y en silencio.

¿Cuándo había sido la última vez que se tocó a si misma? Ni siquiera podría responder eso. Solo sabía que se sentía muy rico y divertido, sus pechos eran suaves y apretables. De repente se detuvo. Se aseguró de que nadie la estuviese mirando y bajo sus manos, ahora era turno de descubrir otras tierras.

Su mano había bajado a su entrepierna y comenzó a tocarse por encima de su falda, se sentía espléndida, un leve cosquilleo brotaba por sobre su joven vagina y la hacía sentir en éxtasis. Decidió introducir su mano. De pronto se detuvo y miró a su alrededor. -No me miren- volvió a susurrar.

Continúo la exploración y con su dedo medio empezó a tantear su vagina dispuesta a introducirlo. Masajeó con cuidado su zona erógena y disfrutó de ello, yacía tumbada sobre su pupitre fingiendo tomar una siesta. No sentía ninguna mirada sobre ella.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que no podía contener sus gemidos y decidió parar antes de ser descubierta, miró su mano y se fijó en lo húmeda que estaba. -Espero que no me…- se congeló y antes de terminar su silenciosa nota mental llevó su mano nuevamente bajo su falda.

Se tocó y se metió dedo hasta que sintió que su respiración estaba a tope. No se detenía, no quería hacerlo, así, de a poco, comenzó a jadear y también a gemir por lo bajo.

Cuando estaba llegando al climax siente una mano sobre su espalda y al alzar su mirada, sin siquiera una pizca de miedo ve a su profesor mirándola extrañado. Ella le mira fijamente sin dejar de maturbarse, y luego mira alrededor, todos en el salón la miraban. Ella tiembla.

Su vagina casi sin vellos estaba chorreando, ya no solo tenía un dedo, eran tres. mientras que llevaba su otra mano a su boca y lamía bruscamente sus dedos. Estaba muy caliente y ver a todo el mundo mirándola con caras de ineptos le encantaba aún más. El resto no sabía que hacer algunos de pronto comenzaron a mirar hacia un lado y el profesor desesperado le pedía que se detuviera.

Ella respondió desabrochando su camisa y enseñando el busto. -Mirenme – gritaba mientras apretaba sus piernas y dejaba caer sus líquidos en el asiento, no pudo contenerlo y sus piernas chorreaban en placer.

Su profesor la tomó del brazo y pidió ayuda a un compañero para llevarla a la oficina del director.

Mientras la sacaban del aula su chaleco se había caído y solo quedaba su camisa desabotonada, su falda, mal colocada estaba estilando las huellas de lo ocurrido, dejando entrever su trasero. Todos miraron como se marchaba en silencio.

– Profesor, ¿Me vió?- Dijo sonriendo mientras la arrastraban.

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