Mi Senpai me descubre siendo Hentai !! en la Escuela

No pasaba mucho rato frente al computador, la verdad es que casi nunca lo utilizaba, nada más me servía para revisar mi correo y ver una que otra película. Como pueden imaginarse nunca fui muy amiga de las computadoras, y por ende detestaba todas aquellas ventanitas sospechosas que violentamente te sorprenden cada vez que te metes a navegar por el internet. Dios mío, cómo odiaba que siempre aparecieran sin aviso, eran un fastidio total… aunque debo reconocer que si no fuese por esas ventanitas yo no les estaría relatando esta historia.

La verdad es que todo comenzó por un error mio, un error bastante mínimo que casi no tiene importancia, algo que le pudo pasar a cualquiera. En mis mañas con el computador pasé a clicar una de las famositas páginas «pop-up» y esta me llevó directamente a un sitio que jamás pensé que me quedaría tiesa mirándolo como hipnotizada.

Lo primero que vi en la página fueron dibujos, si, dibujos, de chicas muy sexys con diseños al estilo oriental, chicas anime usando ropas muy eróticas e incluso algunas dibujadas en pleno acto sexual, siendo penetradas o dando mamadas, con unos ojos entrecerrados y con el clásico gesto de placer en sus rostros. No sé que fue lo que más me gustó. Pudo haber sido la manera en que se dibujaba el sudor en el cuerpo de las chicas, que da la impresión de que están tan calientes que hasta echan humo. O tal vez pudo haber sido la manera en que dibujan sus lenguas, siempre insinuando placer, con la boca medio abierta pretendiendo que nunca están satisfechas. 

Lo que pasó entonces es que debido a ese accidente, me volví adicta al Hentai. Al principio comencé observando uno que otro manga erótico, luego me pasé algún anime Hentai. Lo hacía poco en ese entonces, casi siempre antes de dormir, nunca de día o cuando debía hacer algo importante. Sin embargo, me temo que con el tiempo poco a poco fui perdiendo el control, sin darme cuenta ya iba en el bus leyendo mis mangas Hentai camino al instituto. 

Dentro de todo ese desliz erótico e impulsivo al que me llevó mi adicción resulta que comencé con un nuevo mal hábito. De repente, mientras hacía cualquier cosa sentía una necesidad urgente de leer algunos de mis mangas hentai favoritos, así que me escapaba frecuentemente al baño para hacerlo tranquilamente, aunque en esos momentos la excitación me tomaba de tal manera que estando encerrada en la intimidad que solo el baño me entregaba es que comenzaba a bajar mi mano y a tocarme, ya sea en el baño del instituto, el de mi casa, o el de la casa de alguna de mis amigas, me masturbaba en silencio, me masturbaba cada vez que podía, lo hacía unas cinco veces al día.

Pero eso es solo para darles una idea de lo nuevo que estaba pasando, la verdad es que esto gira en torno a un solo hentai, un manga en específico, el cual me tenía vuelta loca. La protagonista era una chica normal la cual realmente no era una loca lasciva como yo, en realidad se trataba de una colegiala que jamás había tenido sexo, ni mucho menos estaba interesado en tenerlo. Sin embargo lo caliente no ocurre precisamente con ella, sino más bien con sus compañeros de clases, a quien por cosas del destino ella siempre se gasta la suerte de encontrarlos a todos en plenos follones. Se trata de algo así como una mirona, y la acción cada vez se acerca más a ella.

La cosa es que a raíz de este hentai comencé a fantasear que cada vez que me tocaba alguien podría estar mirándome o viceversa, cada vez que alguien estaba tocándose en el instituto o teniendo sexo quizás, yo estaría ahí para descubrirlo. 

A partir de esas fantasías es que me puse algo más masturbadora de lo habitual y también de vez en cuando me escondía un rato dentro del baño de hombres, y leía mi hentai esperando a ver si escuchaba cómo algún muchacho se sacudía la víbora en secreto.

Una tarde, ya luego de terminar mi masturbación de fin de jornada en el baño de hombres, nuevamente sin que nadie me descubra ni que yo pillase a algún pajero me salí del baño algo frustrada y apurada, pues no tenía nada interesante que hacer y moría de ganas de llegar a mi casa para ver más hentai.

Esa tarde no esperé tanto el bus, el tráfico estaba bien, todo pasaba muy rápido iba a estar en menos de una hora en mi cuarto, si no hubiese sido por que él me detuvo. 

Él me paró en seco antes de que pudiera abordar el bus y me hizo una pregunta muy nervioso. Yo no entendí a que se debía esta intromisión tan repentina, ya que nunca por lo general nos dirigimos la palabra. 

-¿Qué sucede, Carlos?- Le pregunté.

El no me respondió, solo me hizo un gesto para que nos alejaramos un poco del resto de las personas, quería decirme un secreto. 

-Te ví entrar y salir del baño de hombres Ana- Me dijo.

No supe que carajo responderle, me quedé en blanco, y prosiguió.

-Te tardaste un buen rato-.

Me puse roja inmediatamente e intente negarlo pero fue inútil. Estaba más que claro que me había visto y no cabía lugar a dudas. Al reconocer mi derrota lo mejor que atiné a hacer, por la vergüenza inexplicable que sentí me fui a dar la media vuelta y caminar lejos de él.

Pero me detuvo, otra vez. 

-No quiero juzgarte-

Esas palabras me sonaron extraño, no entendí bien al principio pero le presté más atención.

-Quiero saber qué hacías-

De pronto un deseo de confesarle todo empezó a nacer de mi interior, sin darme cuenta se estaba cumpliendo una de mis fantasías pero la situación era algo complicada, cómo iba a acceder tan rápido a mis instintos, no pude evitarme darle un par de vueltas así que le pedí que me acompañe.

Volvimos al instituto, ambos nos metimos al baño de hombres en el mismo cubículo en el que siempre me masturbo. No habíamos cruzado ninguna palabra hasta entonces. Miré la hora para asegurarme de que ya casi todos se estaban regresando a sus casas y poder comenzar tranquila. 

Le miré al rostro y le hice sentarse en el escusado, ahí comencé a quitarme el poleron mientras le explicaba cómo es que me interesó tanto mirar dibujos eróticos y lascivos. Su rostro estaba completamente perplejo. Me solté el cabello y le explicaba lo mucho que necesitaba masturbarme cada vez que leía hentai, lo mucho que disfrutaba las historias sobre niñas calientes sedientas de sexo y como eso me hacía desear tener mil y un aventuras sexuales a cada instante. 

Sus manos escalaron por mis piernas mientras me quitaba la polera, mis pechos estaban al aire ya que ese día mi bra se había roto y yo continuaba diciendole lo mucho que me gustaba meterme al baño de hombres para imaginar que en cualquier momento alguien entra a mi cubículo y con su pene bien erecto me penetra incansablemente. 

-Yo también- Dijo, y eso me confundió.

Antes de poder reaccionar el se levantó y me tomó fuertemente el cabello. A mi también me encanta el hentai, adoro cómo es que esas chicas son tan entregadas al sexo y cómo es que siempre pareciera que están encendidas. Me masturbo mucho viendo ese tipo de dibujos porque siempre he deseado encontrarme con una chica tan caliente que no pueda evitar decir que no. De un momento a otro yo era la que estaba sentada sobre el escusado y Carlos me desprendía de mi falda, también de mis calzones. Me dijo lo mucho que adora el hentai, y que su parte favorita es cuando están mamándola y luego levantan su cara mirando hacia arriba solo para suspirar.

Me tocó como nunca me habían tocado. al principio acariciaba mi rostro y pasaba sus dedos por mis labios. Ese roce me gustaba y luego me introdujo su dedo en mi boca. Instintivamente comencé a lamerlo, no podía evitarlo, mi lengua jugueteaba automáticamente con los dedos que me metía. Fue entonces cuando bajó sus pantalones y sacó su verga, en menos de un santiamén había cambiado sus dedos por su rico miembro y comencé a comermelo como si no hubiera mañana. Ya había dado mamadas antes pero esta vez salivaba tanto que se escurría mi baba por su grueso tronco, estaba sedienta de semen.

Mientras le chupaba su pene con mi mano izquierda me daba placer en mi clítoris, estaba muy caliente allá abajo, este hentai supo ponerme cachonda, y así como de repente metió su verga en mi boca rápidamente ya la estaba introduciendo en mi vagina. Lo hizo rápido, fue fuerte, aunque su verga estaba bien humectada con mi saliva sentí bien como abría mis paredes virginales por dentro. A mis 19 años nunca había sido penetrada y jamás pensé lo mucho que ardería, pero lo que si me había imaginado es lo mucho que disfrutaría, con la boca abierta jadeaba por más, en lo estrecho de ese cubículo de baño Carlos me daba tan intensamente que no podía evitar lanzar pequeños gemidos. Quería correrme desde el momento en que me lo metió, pero me aguanté un rato, necesitaba recordar bien como se sentía esto. Finalmente acabé, me corrí mucho. No sé si el también lo hizo pero cuando yo estaba en pleno orgasmo el salió rápidamente del baño y me dejó sola, sobre el escusado, metiéndome desesperada los dedos para finalizar esa explosión de placer que él había comenzado.

Nos vimos luego de unos días, Carlos es un chico muy interesante, usualmente nos juntamos en su casa y leemos mucho hentai, también miramos porno. Nos gusta mucho masturbarnos juntos, y esta fue la historia de como comenzamos nuestra linda amistad.

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